El suave crujir de El Taller de Allende

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A quien se pasa regularmente por El Taller de Allende seguro que no se le escapa que, a un lado del mostrador, se exponen dulces y crujientes tentaciones.
De caprichosas formas, los merengues crujientes son un vicio para más de una persona golosa… ¡y en Allende nos encantan! Maneras de comérselos hay muchas,así que te contaremos lo que hemos observado y lo que nos han contado… quizás te sirva de inspiración en uno de esos días en los que se hace necesario tomar dulces medidas para contrarrestar los obstáculos propios de la vida.
Entre nuestra Gente Allende están quienes sencillamente les hincan el diente sin tan siquiera esperar a llegar a casa, apoyados en un rincón de El Taller. Impacientes almas que dejan que este sencillo dulce se desintegre en su boca, mientras disfrutan como niños del sonido y la sensación del crujir.
Otros, algo más foodies y sofisticados, se los llevan a casa como ingrediente para sus postres. Porque este versátil elemento, desmenuzado, está genial para dar un toque crujiente a cualquier tarta, crema o helado. No hay más que dejarlo caer cual blanca nieve sobre cualquier postre.
También sirve como base para dejar volar la imaginación y crear ‘delicados sandwiches’ o una versión más rápida de una Pavlova. Imagina poner en un plato una base de este enorme suspiro, una cucharada de mermelada de frutos rojos, otra de nata montada y una fresa de temporada para coronar esta deliciosa torre.
Bueno, como verás, desde el simple bocado hasta la propuesta gourmet, estos preciosos merengues dan muchísimo de sí. Así que si mientras lees este artículo se ha despertado tu imaginación o tu nostalgia y tienes el irrefrenable deseo de hacerte con unos merengues, en El Taller de Allende te estaremos esperando. 😉